Todo empezó con la inesperada noticia que puso mi mundo más revuelto que un estomago después de 3 tequilas, leche, mermelada, frijoles, puré de papa, una malteada de fresa con plátano, café con sal...en fin, mi mundo se convirtió por una temporada en un tornado que parecía no tener fin. Yo a mitad de mi licenciatura , con infinitos planes y al mismo tiempo sin plan alguno, muy enamorada y lista para convertirme en una mujer "Independiente" de mis padres, me enteré una tarde, después de 3 días de retraso, que estaba embarazada.
Quedé desconcertada, inmediatamente comencé a llorar de miedo, sentía el pánico recorrer mi cuerpo, pensaba en todos aquellos planes desordenados que tenía para mi vida, no sabia que pensar, qué decir y mucho menos que hacer, platiqué con mi pareja y él en todo momento estuvo a mi lado, sosteniendo mi mano y muy firme en la decisión de que, a pesar de no sentirse listo para ser padre, lo estaría. Él me apoyo en todo momento, argumentando que juntos lograríamos salir adelante, que era una gran noticia y que este suceso cambiaría nuestras vidas de manera súper positiva.
Al principio me costo mucho trabajo asimilarlo, ya que a pesar de sentir mi corazón muy alegre, tranquilo y entusiasmado ante la situación, mi mente aún no comprendía del todo, me moría de nervios al pensar en lo que diría mi familia ya que ellos son conservadores, y tenían planes distintos para mi futuro y tal vez me rechazarían.
Pero después de analizarlo, verlo desde distintas perspectivas, me asegure de tomar la decisión correcta, y me di cuenta de que finalmente este pequeño ser de luz que esperaba se estaba convirtiendo en un motor de vida, que estaba dispuesta a madurar y enfrentar a todo aquel que criticara mi decisión, qué ya estaba lista para desprenderme de mi nucleo familiar y comenzar una nueva familia, en cualquier otro momento de mi vida no hubiera tomado tal decisión, pero yo me sentí segura y lista para tomar este camino.
Muchos de mis miedos eran el reflejo de muchos paradigmas implantados a lo largo de mi vida, el más fuerte era la afirmación de que al convertirte en madre debías sacrificar tus sueños y metas por el bien de tu familia, lo cual ahora me parece la pendejada más grande del mundo, pero en su momento el desprenderme de tal paradigma fue muy fuerte.
El miedo se disolvió y con seguridad al lado de mi pareja pude darle la noticia a mis padres, claro que se desconcertaron, se preocuparon, lloraron, se entristecieron, pero finalmente al ver la seguridad en mis palabras, mi alegría al darles la noticia y la convicción de que estábamos listos para hacerlo, pudieron tomar un respiro y digerir la noticia de otra forma. Se emocionaron muchísimo y reiteraron su apoyo, pero al mismo tiempo dejaron claro que al convertirnos en padres, dejaría de depender económicamente de ellos, lo cual entendí y agradecí.
Los 3 primeros meses de embarazo fueron difíciles, las nauseas, los dolores de cabeza y todos esos dolores típicos de embarazada; además tome la decisión de no dejar mis estudios ni mi trabajo, así que al ser una persona tan activa el cansancio me tumbaba. Los demás meses fueron de lo más lindo, mi pareja y yo creamos un vínculo muy especial y comenzamos a vivir juntos.
En los últimos meses, después de ir a varias marchas estudiantiles en mi país, me dio preeclampsia y tuve que permanecer en casa el resto de mi embarazo. Preparándome mentalmente para el gran día.
Finalmente el 28 de Junio del 2012, a las 11:45 am, nació mi pequeño pingüino, peso 4.100 kg, y obtuvo un 10 en el examen que les aplican a los recién nacidos. Aquí comienza mi aventura de nueva mamá.